Lo nuestro es como un grito en silencio, como morderte el labio cuando sabes que alguien te mira. Somos como una bala perdida, que atraviesa latidos a la vez que nos va parando el pulso; y moriremos en un eterno quiero y no puedo, que de vez en cuando nos engaña haciendo pensar que es al revés (pero no). Si tú no te rindes, y yo no me doy por vencida... entonces fin de partida. Y aunque a veces parece que dejamos atrás los gritos, los labios, las balas y los latidos, seguiremos queriendo sin poder y engañándonos con oportunidades vacías. Porque somos posibilidades imposibles, y nunca seremos capaces de resolver tantas incógnitas. Ahora solo nos quedan recuerdos, algún que otro momento y reconocer que...
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jueves, 24 de marzo de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Y si al final dormimos sin hablarnos...
-Pasamos de ser todo, a ser nada. Convertimos nuestra relación en un torbellino a golpes, intercalando caricias con puñaladas y algún que otro rasguño a fuerza de odiarnos. Reconstruimos nuestros cimientos una y mil veces, pero para cuando quisimos darnos cuenta de la inestabilidad del terreno, fue demasiado tarde. Nos derrumbamos el uno sobre el otro, sin mirarnos, y rozándonos a la vez que nos dábamos la espalda. Cada silencio que pronunciamos nos alejó un poco más, y todas nuestras palabras quedaron en evidencia al dejar atrás nuestra historia. Dejamos pasar el tiempo, fuimos arrancando letras de nuestras mejores frases hasta vaciar nuestro repertorio, y finalmente nos quedamos sin nada. Y eso fue precisamente lo que hizo falta para que estallara nuestra burbuja y volviéramos a chocar: palabras, miradas, sonrisas... y muchas, muchas ganas de hacerte amanecer con ganas de verme. Por eso, he decidido reinventar nuestros momentos en una versión mejorada, revivir cada segundo de forma que pasar al siguiente no duela. Porque nos lo merecemos, y sobre todo, porque el presente es nuestro.
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Cosas que nunca te dije
domingo, 16 de enero de 2011
Cincuenta y cuatro kilos de defectos.
-No hay que entenderlo, solo hace falta sentirlo (y aprender a vivir con esa estúpida sensación de no querer perderme ni una sola de tus sonrisas). Y lo siento si mi forma de ser descoloca, pero ya sabes que la estabilidad nunca fue mi fuerte, y últimamente retumbo mas que nunca. Pero es absurdo intentar centrarme si nunca tuve nada claro, así que de momento he decidido seguir con el puto proyecto de ser feliz. Y si te molesta mi sonrisa pues será mejor que apartes la mirada, porque sabes que se enganchará a mis labios en cuanto te descuides. Porque en realidad no es fácil pelear diariamente con cincuenta y cuatro kilos de defectos, por muy impresionante que parezca... soy de las que se sienten útiles al escribir e inútiles al releerse. Y no es modestia, te lo aseguro, es que me conozco mejor que nadie, y sé que si no hay nada de lo que sentirse orgulloso... pues no hay nada.
Así que si no te gusta mi historia, cambia de libro, porque yo seguiré escribiendo las mismas tonterías día tras día (aunque a veces me quede sin nada que decir y pierda calidad con cada letra).
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Cosas que nunca te dije
domingo, 12 de diciembre de 2010
Más cosas que nunca te dije.
-Creo que ya sé cual es mi problema. Sí, en serio, después de muchas vueltas hoy por fin lo he descubierto. Estoy rota: no me funciona el corazón. Salí defectuosa, qué se le va a hacer. Y no tiene arreglo, porque es un defecto de fábrica. Y lo curioso es que soy completamente capaz de sentir, ¿eh? Lo sé por la forma en que se tensan mis nervios, y como se me marcan los poros cuando se me pone la piel de gallina. También me delatan las carreras que echan mis glóbulos rojos a través de mis venas, siempre con meta en mis mejillas. Pero en ocasiones... sí, en ciertos momentos el fallo se hace evidente. Como en esos domingos en los que no salgo de casa en todo el día, y me paso horas y horas en la cama derramando lágrimas y más lágrimas sobre la almohada. Y tú dirás... joder, si lloras es porque algo sientes, ¿no? Pues sí, tienes razón. Siento pena, y lloro de pena por no poder sentir nada más. Porque parece que los sentimientos se disuelven en mis lágrimas, y resbalan, y mi piel es incapaz de absorberlos. Porque paso minutos eternos en muerte emocional, y resucitar me cuesta cada día más. Porque a ratos no sé si odiarme o declararme mi fan número uno, y como resultado acabo cogiéndome manía. Y ahora, cuando echo un vistazo a mi vida, ya no me identifico con nada. Me sé de memoria todos y cada uno de los pasos que ha dado mi corazón, pero soy incapaz de sentirlos. Mis latidos son como las agujas de un reloj, un tictac insufrible que amenaza con volverme loca. Y yo ya no sé qué hacer, de verdad. Y me parece increíble que el único consuelo que me quede sea escribir todas estas cosas que nunca te dije.
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Cosas que nunca te dije
jueves, 9 de diciembre de 2010
Cosas que nunca te dije.
-Ya... si, ya sé que las cosas no son tan fáciles ahora, que pasó el momento, que perdí mi tren y todas esas gilipolleces que suelen decirse cuando pierdes voluntariamente la oportunidad de tu vida. Pero que me da igual, ¿vale? Que yo te quise, te quiero y te querré. Que me importan una mierda todos los murmullos que surgen a nuestro alrededor cuando me pego a tu espalda, que paso del qué dirán y de las miradas de alaquefuerte y seráguarralatía. Que una sola de tus sonrisas es capaz de borrar veintidós mil horas de amargura (y basta una mirada para quitarle la terminación a esa palabra). Mira, que lo siento si te confundo, me confundo y te mareo, pero yo nunca me presenté como una persona sencilla, ¿verdad? Me contradigo cada ocho sílabas, y te juro que pierdo el hilo cada veinticuatro segundos, pero es que lo importante no es el discurso, si no el mensaje. Y tú estás grabado en cada una de mis frases. Porque cuando pasas a mi lado y te respiro, me tiembla el mundo, y ya no sé a donde voy si no estoy siguiendo tus pasos. Que si me lo pides muerdo el agua por ti, o te escribo un mensaje de amor en las nubes del amanecer más bonito que podamos ver juntos. Lo haría todo, ¿entiendes? Todo.
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